CONFINAMIENTO Como nos enseña Orwell, las palabras nunca son neutras. En los últimos días se ha popularizado la expresión «confinamiento energético», en referencia a hipotéticas medidas de racionamiento de combustible. Confinamiento energético. No racionamientos, ni mucho menos «medidas de emergencia». No, confinamiento. Una palabra que en pocos años se ha convertido en un detonante emocional puro, que evoca encierro, miedo, parálisis colectiva, las sensaciones viscerales de 2020. Esto no es comunicación improvisada. Es ingeniería del pánico. Toma un término que ya ha producido traumas colectivos, aplícalo a una situación nueva, estructuralmente diferente, y obtendrás una transferencia automática de angustia. No hace falta argumentar nada. Basta con la palabra. El resto lo hace la memoria emocional del lector. Un racionamiento contingente, vinculado a una crisis geopolítica aún hipotética, se convierte en un confinamiento. Una posibilidad se convierte en una certeza inminente. Y la gente se lo traga. ¿Es grave la cuestión de Irán? Sí, y precisamente por eso merece un lenguaje serio, no términos de un repertorio engañoso que solo sirve para mantener alta la adrenalina y baja la reflexión crítica. (From: Counterpropaganda on telegram)